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Pavesas y dioses PDF Imprimir E-mail
Poesía

          O auer juntamiento con fembra placentera
          Juan Ruiz, Arcipreste de Hita

Al final de los años, importa poco o nada
dejar un rastro amable o una estela envidiosa,
iniciar la partida sobre un fulgor de rosa,
volverse como niño, ser apenas mirada.

Invencibles, los átomos del ardor de la amada
mueven lentos sus hilos, hacen verso la prosa
salvando negras penas, mientras la dueña hermosa
eterniza el instante de la boca besada.

Río de sangre ardiente que en la vena circula
o apenas deja hueco a la razón perdida,
muerte-luz del orgasmo, principio y despedida.

Amor es cosa fuerte que la razón anula,
un viento que nos quema. Y hasta el urgente adiós,
todos somos pavesa y somos todos dios.

(1999; en Del amor tardío, 2000)

Pavesas y dioses 

“Pavesas y dioses”, como los otros sonetos que configuran el poemario Del amor tardío, es fruto de una madurez poética aquilatada en empeños y experiencias. Sonetos como éste dotan al adjetivo “tardío” de nuevos espacios de significación en los que lo pletórico desbanca cualquier connotación elegíaca, en los que la energía da al traste con cualquier posible sugerencia de “vejez”. Dentro de “Pavesas y Dioses”, expresiones como “Al final de los años”, “negras penas”, o la misma lucidez de saberse pavesa son, paradójicamente, anclajes de la energía amorosa y creativa que le lleva al poeta a sentirse también dios y genera versos como “invencibles, los átomos del amor de la amada/ mueven lentos sus hilos, hacen verso la prosa ...”.  “Pavesas y dioses” aúna conocimiento de la amada y del soneto, porque si el amor puede, como pocas cosas, anular la razón – como el poeta manifiesta – es también la forma de conocimiento más reveladora, pues nada hay como el amor para hacernos sabios en la emoción. Ruiz de Torres conoce el soneto como conoce a la amada, sabe que, como el amor, es una criatura exigente, pero eso a él le da energía, poética y vital – de ahí que yo hablara de “empeños” al principio – para alcanzar sus metas. Y las alcanza porque, tras caminar con la amada y con el soneto mucho tiempo, ha consolidado palabra y experiencia. Y porque sabe de lo eterno del beso y del verso.
(Beatriz Villacañas)

 

 

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